
Una lágrima por la recién iniciada fase de poda masiva de los árboles de Barcelona. De acuerdo que es más practico para la limpieza de las hojas que han de caer más tarde. De acuerdo que disminuye (aunque en ningún caso se evita) el problema de las alergias que sufren bastantes ciudadanos y turistas de esta ciudad. De acuerdo. Pero me parece excesivamente salvaje el estado en el que se deja a los árboles, más pelados que en invierno, doloridos y tristes, a la par que se nos priva de la belleza del verde primaveral de los pocos reductos de naturaleza de que disponemos. Y aún suerte que la poda es escalonada (por motivos logísticos y prácticos, que no poéticos o estéticos, claro está) y podemos disfrutar de los árboles en su esplendor antes de ser mutilados e incluso que, con sus amplias copas, nos protejan un poquito de las lluvias venideras.
Un suspiro, que es un deseo de mi alma, porque todos nosotros iniciemos esta nueva primavera con una poda simbólica. Que nos deshagamos de aquellas ramas, acciones que llevamos a cabo en el pasado, que nos sirvieron para crecer y convertirnos en quienes somos hoy, pero que no precisamos cargar porque ya somos más altos y más fuertes. Que nos liberemos de nuestras hojas, los pensamientos que ya no necesitamos, que ya compartimos con los que nos rodean y que dejamos caer, para que nos estanquen y para que sirvan de abono a nuestras raíces. Que nos preparemos a crear nuevas hojas, nuevas ramas, con más colorido, más fuerza y pasión para afrontar el día a día. Pensamientos y acciones que nos embellezcan, dignifiquen y mejoren nuestro ser, nuestro entorno y a los que amamos. Esparzamos semillas de alegría y ligereza, mostremos y compartamos los frutos de nuestro trabajo interior y exterior, los frutos de la evolución que vivimos a diario. Florezcamos y seamos felices, que ese es el motivo de estar vivos. Seamos vivos. Simplemente seamos. No deseemos ser otra cosa que lo que somos y seamos conscientes (un poco más cada día) de que nosotros creamos nuestra vida y nuestro mundo.
Y una sonrisa para que, con el cambio de las estaciones, estemos preparados para abandonar nuevamente lo que ya no necesitemos y seguirnos creando, una y otra vez, fluyendo con los ciclos de la vida.
Un suspiro, que es un deseo de mi alma, porque todos nosotros iniciemos esta nueva primavera con una poda simbólica. Que nos deshagamos de aquellas ramas, acciones que llevamos a cabo en el pasado, que nos sirvieron para crecer y convertirnos en quienes somos hoy, pero que no precisamos cargar porque ya somos más altos y más fuertes. Que nos liberemos de nuestras hojas, los pensamientos que ya no necesitamos, que ya compartimos con los que nos rodean y que dejamos caer, para que nos estanquen y para que sirvan de abono a nuestras raíces. Que nos preparemos a crear nuevas hojas, nuevas ramas, con más colorido, más fuerza y pasión para afrontar el día a día. Pensamientos y acciones que nos embellezcan, dignifiquen y mejoren nuestro ser, nuestro entorno y a los que amamos. Esparzamos semillas de alegría y ligereza, mostremos y compartamos los frutos de nuestro trabajo interior y exterior, los frutos de la evolución que vivimos a diario. Florezcamos y seamos felices, que ese es el motivo de estar vivos. Seamos vivos. Simplemente seamos. No deseemos ser otra cosa que lo que somos y seamos conscientes (un poco más cada día) de que nosotros creamos nuestra vida y nuestro mundo.
Y una sonrisa para que, con el cambio de las estaciones, estemos preparados para abandonar nuevamente lo que ya no necesitemos y seguirnos creando, una y otra vez, fluyendo con los ciclos de la vida.
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