Un día encendí la televisión y la observé con atención, como si no la conociese.
Muchas veces se ha dicho que la televisión es una ventana abierta al mundo. Según la orientación de una ventana veremos una cosa o otra. El paisaje depende de hacia dónde estemos mirando (o hacia donde quieran que miremos). Yo me limité a ver a qué mundo me abrían una ventana. ¿Y qué vi?:
Un concurso de preguntas y respuestas que parecía ambientado en un local de estriptis. Entre la pregunta y la respuesta pasa un tiempo indefinido. Los minutos se congelan mostrando el rostro de angustia del concursante.
Una serie de dibujos animados donde el protagonista es un niño mal educado, mal hablado y peor dibujado cuya habitual ocurrencia es enseñar su culo o su pene mientras canta y ríe.
Las “apasionantes” aventuras de un funcionario marine de los estados unidos.
Suerte tuve con el telediario: pasé a tiempo de oir el aviso de que las imágenes que iban a ofrecer podían herir la sensibilidad de algunos espectadores. Desvié la mirada y me limité a escuchar la noticia. Efectivamente, yo que me tengo por sensible, sentí escalofríos sólo oyendo la noticia sobre una mujer senegalesa que se había quemado viva en el Vaticano. ¿Por qué hay que dar la noticia acompañada de la imagen de una mujer quemándose viva? Suerte que muy de vez en cuando avisan que las imágenes pueden molestar a los espectadores. ¿Que esperaban?
Lo que no me gustaría es vivir en una sociedad llena de gente que ni se inmuta al ver las imágenes de una mujer quemándose viva. ¿Por qué hay que emitir eso? Ya no hablo de la noticia. Hablo de las imágenes que la acompañan. No hablo de esos miles de noticias absurdas que llenan los informativos y cuyo único requisito para emitirse es que vienen acompañadas de imágenes violentas, espeluznantes, desagradables, etc. O todo lo contrario. Me pregunto seriamente para cuánta gente de este país es importante o relevante que haya nacido un oso panda en un zoo de EEUU o una serpiente albina en uno de Tailandia. ¿Las imágenes lo son todo? Está claro que después de los sentimientos desagradables que nos inundan tras ver a docenas de cadáveres sangrantes y con amputaciones en una fosa en Sierra Leona nos merecemos, como ciudadanos españoles y fieles telespectadores, la ternura de ver a un bebé de oso panda en un zoo de Texas comiendo bambú.
¿Por qué se empeñan en informarnos a diario del nº de muertos, asesinatos y víctimas de catástrofes? Los telediarios son sucesos y necrológicas del mundo. Es triste, deprimente y casi de mal gusto ¿Por qué no informan del número de bodas o nacimientos o de la gente que ha conseguido un trabajo ese día? O quizás de la gente que ha superado un miedo, un trauma que arrastraba desde hace años, o el número de personas que cada día sanan de alguna enfermedad. Sería todo mucho más alegre. La vida no parecería tan complicada ni temible para mucha gente. No sé, yo sólo hacía zapping.
Muchas veces se ha dicho que la televisión es una ventana abierta al mundo. Según la orientación de una ventana veremos una cosa o otra. El paisaje depende de hacia dónde estemos mirando (o hacia donde quieran que miremos). Yo me limité a ver a qué mundo me abrían una ventana. ¿Y qué vi?:
Un concurso de preguntas y respuestas que parecía ambientado en un local de estriptis. Entre la pregunta y la respuesta pasa un tiempo indefinido. Los minutos se congelan mostrando el rostro de angustia del concursante.
Una serie de dibujos animados donde el protagonista es un niño mal educado, mal hablado y peor dibujado cuya habitual ocurrencia es enseñar su culo o su pene mientras canta y ríe.
Las “apasionantes” aventuras de un funcionario marine de los estados unidos.
Suerte tuve con el telediario: pasé a tiempo de oir el aviso de que las imágenes que iban a ofrecer podían herir la sensibilidad de algunos espectadores. Desvié la mirada y me limité a escuchar la noticia. Efectivamente, yo que me tengo por sensible, sentí escalofríos sólo oyendo la noticia sobre una mujer senegalesa que se había quemado viva en el Vaticano. ¿Por qué hay que dar la noticia acompañada de la imagen de una mujer quemándose viva? Suerte que muy de vez en cuando avisan que las imágenes pueden molestar a los espectadores. ¿Que esperaban?
Lo que no me gustaría es vivir en una sociedad llena de gente que ni se inmuta al ver las imágenes de una mujer quemándose viva. ¿Por qué hay que emitir eso? Ya no hablo de la noticia. Hablo de las imágenes que la acompañan. No hablo de esos miles de noticias absurdas que llenan los informativos y cuyo único requisito para emitirse es que vienen acompañadas de imágenes violentas, espeluznantes, desagradables, etc. O todo lo contrario. Me pregunto seriamente para cuánta gente de este país es importante o relevante que haya nacido un oso panda en un zoo de EEUU o una serpiente albina en uno de Tailandia. ¿Las imágenes lo son todo? Está claro que después de los sentimientos desagradables que nos inundan tras ver a docenas de cadáveres sangrantes y con amputaciones en una fosa en Sierra Leona nos merecemos, como ciudadanos españoles y fieles telespectadores, la ternura de ver a un bebé de oso panda en un zoo de Texas comiendo bambú.
¿Por qué se empeñan en informarnos a diario del nº de muertos, asesinatos y víctimas de catástrofes? Los telediarios son sucesos y necrológicas del mundo. Es triste, deprimente y casi de mal gusto ¿Por qué no informan del número de bodas o nacimientos o de la gente que ha conseguido un trabajo ese día? O quizás de la gente que ha superado un miedo, un trauma que arrastraba desde hace años, o el número de personas que cada día sanan de alguna enfermedad. Sería todo mucho más alegre. La vida no parecería tan complicada ni temible para mucha gente. No sé, yo sólo hacía zapping.
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