Hoy he visto en el espejo a un tipo triste, desconcertado y con sobredosis de melancolía. Alguien que acababa de enfrentarse a un divorcio emocional de quien fue “la guardiana de su soledad” durante los días más maravillosos que vivió en pareja. Ahora el tipo está triste porque la mujer era genial y vuelve a estar solo, a la espera de reencontrar de nuevo a la amante y amiga auténtica con quien andar el sendero.
Mientras trabaja por llenarse de nuevo de Amor, la Soledad, a ratos, se le disfraza de Libertad e intenta confundirlo para que se case con ella. Él procura mantenerse alerta para que la Soledad no le engañe y para no dejarse despistar por las palabras de los demás, de aquellos que dicen que la libertad no existe, que la soledad es mala, que para ser libre hay que estar solo, que mejor solo que mal acompañado, que una cosa y que todo lo contrario. Seguramente son los mismos que opinan que el amor caduca, que la pareja idónea no existe y muchas otras cosas que quizás sean ciertas para algunos o bien falsas para todos.
El tipo fuerza una sonrisa. Intenta sentir los músculos de su rostro para no olvidar cómo sonreír. Porque sabe que pronto volverá a reír. Porque sabe que la tristeza más profunda que pueda sentir no echará raíces en su corazón. Porque hace tiempo que ha empezado a cuidar el jardín de su interior y sabe qué plantas y flores quiere que crezcan y cuales no. Porque ve la tristeza como a un cometa en la noche, como algo que sucede naturalmente cada cierto tiempo y que pasa, fugaz.
No culpa a Cupido por el fin de la relación, ni a Dios, ni mucho menos a ella ni a él mismo. No hay culpables porque no hay delito ni crimen. Ha bebido de la Fuente del Amor Verdadero y da gracias al Universo entero por la alegría vivida. Aunque la ausencia y el recuerdo de esa alegría es la que hoy le empaña el alma y le enfrenta al vacío.
Antes, de niño, no aceptaba la pérdida y lloraba y pataleaba cuando no conseguía lo que quería. Ahora es un hombre. Un hombre que sabe que puede leer los mensajes del Cielo, que conoce los ciclos de la vida y la muerte, de las mareas emocionales, de los pensamientos y los impulsos. Sabe que para seguir creciendo debe aprenderse; debe conocer cómo funciona él mismo. Y vivir feliz mientras camina en equilibrio. Feliz triste, feliz alegre, feliz hace frío, feliz hace calor o, aún mejor, feliz feliz.
El tipo, de tanto rodearse de amig@s superhéroes, familiares, compañeras y desconocidos todos ell@s superhéroes, empieza a reconocer y usar sus propios superpoderes. Puede caminar, caerse de la forma más tonta y posee el poder de levantarse cada vez que cae para seguir caminando de nuevo. Es cada vez más hábil en reírse de sí mismo y mueve montañas y ríos con la fe que arde en su corazón. También va identificando, uno a uno, sus puntos débiles, todo aquello que puede debilitarlo pero ya no destruirle, porque se sabe indestructible, capaz de morir una y otra vez y volver a renacer.
Y así es cómo, cada día más loco y más enamorado, el tipo del espejo va venciendo y siendo vencido batalla tras batalla. Mientras, sigue su camino, un camino que le lleva hacia el Sol, pasando por la Luna, y sonríe a las Estrellas, aunque a veces se apagan de golpe.
Merci.
2 comentarios:
Son las diez. Acabo de rechazar una oferta de la OTG. Sorbo un té y leo tu texto mientras hago tiempo para ir al currele de esta semana. ¿Demasiado arriesgado? Es posible. Leer sobre el amor, el desencuentro y la fuerza humana con el estómago vacío y las legañas instaladas en el rabillo del ojo no es demasiado habitual. Así que, si con este comentario, no destaco nada en particular, será que sigo dormida. ¿Es real, peregrino? Lo siento. No he podido evitarlo. Si es así, no sufras porque como tú mismo has dicho, nos caemos para luego levantarnos. O como dicen los lesbianos: "no ves que si hemos perdido, hemos ganado historias que contar. Más que algunos tienen. Recuerda que si caímos en picado es porque a veces fuimos nubes con la mente". Feliz semana, superhéroe del espejo.
Bien, parece que las estrellas por muy benditas que sean sobretodo en esas noches de ausencia de luna,también se apagan. De hecho, dicen que las estrellas que veremos esta noche, sí hermanito, asómate a contemplarlas, pues si bien dicen que su luz se apagó hace tiempo aún iluminan las playas y los bosques que nos acogen y cobijan. Así que anima a ese hombre, a ese nuevo superhéroe porque la estrella que besó en su peregrinación cósmica, aunque ya apagada, aún brilla en su corazón y lo hará para siempre con la satisfacción de haber amado y haber sido amado y no importa si fueron cien años de Gabriel García Márquez o cien segundos de Peter Pan porque el tiempo no existe... pero el ritmo sí.. Y ese corazón solitario vibra... y ya ves a qué frecuencia.. !!
Mucho ánimo y amor.
Nagun Marroig.
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